domingo, 20 de diciembre de 2009

La libertad se conquista

El Gran Wyoming

Con Aminatou Haidar se ha hecho justicia. El sistema democrático no admite excepciones: la ley ha de cumplirse siempre y es igual para todos. Esa es la regla del juego sin la cual todo nuestro entorno se convierte en tramoya. Cuando se vulnera esta norma, como en el caso de Guantánamo, se ratifica que la libertad es una concesión virtual que queda abolida si resulta un obstáculo para el gobernante de turno.

Con la lucha de esta inquebrantable mujer algunas cuestiones han salido a la luz. La primera es la constatación de que las cosas sólo cambian si las haces cambiar. Otra es la crueldad de la que hacen gala algunos comunicadores sin el más mínimo rubor, como si la chulería al abusar del débil fuese un derecho adquirido con la condición de ciudadano del primer mundo. Algunos se empeñaban en difundir la sospecha de que estaba siendo alimentada de forma secreta, con el fin de ridiculizar su sacrificio. Acusaban a los “famosos” que acudían a su lado de sacar beneficio con su gesto, sin especificar en qué consistía ese vergonzoso rédito. Nunca critican cuando la fama se aprovecha para vender electrodomésticos.

Me gustaría mandar un abrazo muy fuerte a Aminatou, que ha estado a punto de dar su vida para que este mundo fuera un poco mejor, por lo que nos ha enseñado. También a las personas que fueron a Lanzarote a evitar que muriera sola como una bestia, a las que han dedicado su tiempo en las carpas que se colocaron en las ciudades de España y a todos los que han mostrado su solidaridad de una u otra forma. Hoy es un día muy importante para los amantes de la paz y la libertad. Triste para sus enemigos.