lunes, 28 de agosto de 2017

Cartas marcadas

En una casa, a veces ocurre que se avería el frigorífico y, casi a la vez, se puede estropear el pestillo de la puerta del cuarto de baño, el calefactor y el teléfono móvil. Y pocos días después, el ordenador. Como si se tratara de un maléfico efecto dominó.

Ese extraño fallo en cadena suele ocurrir en accidentes de tráfico, desastres naturales o asesinatos múltiples. Y también pasa con las enfermedades, con las epidemias. 

El destino es así de caprichoso y cruel a veces. Mucha gente piensa que eso está de antemano escrito; que las cartas están marcadas, como suele decir uno de mis hijos. 

Cuando la enfermedad se ceba con un grupo de amigos, nos gustaría anular de inmediato ese capricho del destino, pedirle que cambie de baraja, que esas cartas no nos gustan nada.

Un nudo rabioso me atenaza la garganta y, aunque me tomen por loco, al destino le grito: ¡Vale ya! ¡¿Me oyes?! ¡Ya está bien! ¡Aléjate de nosotros! ¡Fuera de aquí!

Pero enseguida entiendo que solo sirve para desahogarme, que la vida va a seguir como estaba previsto. Que lo mejor que puedo hacer es estar el máximo tiempo posible con estos buenos amigos, darles todo mi apoyo, cariño y amistad. Y que la medicina juegue una buena partida, que estoy seguro de que así va a ser.

Y a disfrutar juntos el tiempo que nos quede.

martes, 18 de julio de 2017

No queréis vernos

Solo nos veis cuando morimos de hambre.
Solo nos veis cuando morimos ahogados.
Solo nos veis cuando morimos destrozados por las bombas.
Solo nos veis cuando huimos en masa de la guerra.

Solo nos veis cuando la enfermedad nos masacra.
Solo nos veis cuando llamamos a vuestra puerta, huyendo de la miseria.
Solo nos veis cuando un desastre natural, y nuestra pobreza, nos aniquila.
Solo nos veis cuando invadís nuestro entorno para robarnos nuestros recursos naturales.

Solo nos veis cuando estamos en la puerta de las fábricas, de los tajos, exigiendo nuestros derechos.
Solo nos veis cuando, hartos, dejamos de ser invisibles a vuestros ojos.
Y es entonces cuando empezamos a ser incómodos.
Nos tapamos el rostro para que nos veáis, tras la barricada.

Y es entonces cuando empezamos a ser un problema.
Nuestros sueños serán vuestras pesadillas.

El enfado de Juan Carlos

Juan Carlos, me dicen amigos comunes que estás muy cabreado con tu hijo. Supongo que es porque no te invitó al tema éste de la celebración de los 40 años de las elecciones democráticas, después de la dictadura fascista de Franco.

Es normal, es un detalle muy feo, la verdad; con lo que tú has hecho por lavar la cara de la familia y hacer que casi nadie en España recuerde que fuiste nombrado por Franco como su sucesor, nada menos que con el título de rey, es decir, para toda la vida (aunque tú lo dejaste antes). Y no solo tú sino todos tus descendientes. Y va el chaval y te ignora y no te invita a los actos tan rimbombantes que hubo en el Congreso de los Diputados. 

Yo estaría también muy jodido, la verdad, pero ya sabes que en todas las familias hay movidas de éstas. Pero es que esto es muy serio, no es un olvido cualquiera; encima tendrás que aguantar las bromas e insinuaciones de tus amiguetes de otros reinos. 

Sinceramente te digo que esto no puede quedar así, tiene que aprender. Y no será porque no tiene asesores que le aconsejen y recuerden las cosas.

Yo que tú, le daba una lección para que no se olvidara de quién manda todavía en tu casa. A lo mejor te parece una medida excesiva y drástica, pero ahí va: Yo le desheredaría. Así, como te lo digo. Que vaya aprendiendo con quién no se puede jugar.

Y no temas ni tengas mala conciencia, porque sin trabajo no se va a quedar. Conocéis a mucha gente que le puede echar una mano, así que tranquilo por esa parte. Y por el país, tampoco tengas ningún problema, no necesitamos reyes que nos guíen, ya somos mayorcitos y nos sabemos gobernar solos.

Saludos y perdona si me meto en lo que no me importa.