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martes, 18 de julio de 2017

El enfado de Juan Carlos

Juan Carlos, me dicen amigos comunes que estás muy cabreado con tu hijo. Supongo que es porque no te invitó al tema éste de la celebración de los 40 años de las elecciones democráticas, después de la dictadura fascista de Franco.

Es normal, es un detalle muy feo, la verdad; con lo que tú has hecho por lavar la cara de la familia y hacer que casi nadie en España recuerde que fuiste nombrado por Franco como su sucesor, nada menos que con el título de rey, es decir, para toda la vida (aunque tú lo dejaste antes). Y no solo tú sino todos tus descendientes. Y va el chaval y te ignora y no te invita a los actos tan rimbombantes que hubo en el Congreso de los Diputados. 

Yo estaría también muy jodido, la verdad, pero ya sabes que en todas las familias hay movidas de éstas. Pero es que esto es muy serio, no es un olvido cualquiera; encima tendrás que aguantar las bromas e insinuaciones de tus amiguetes de otros reinos. 

Sinceramente te digo que esto no puede quedar así, tiene que aprender. Y no será porque no tiene asesores que le aconsejen y recuerden las cosas.

Yo que tú, le daba una lección para que no se olvidara de quién manda todavía en tu casa. A lo mejor te parece una medida excesiva y drástica, pero ahí va: Yo le desheredaría. Así, como te lo digo. Que vaya aprendiendo con quién no se puede jugar.

Y no temas ni tengas mala conciencia, porque sin trabajo no se va a quedar. Conocéis a mucha gente que le puede echar una mano, así que tranquilo por esa parte. Y por el país, tampoco tengas ningún problema, no necesitamos reyes que nos guíen, ya somos mayorcitos y nos sabemos gobernar solos.

Saludos y perdona si me meto en lo que no me importa.

lunes, 11 de enero de 2010

Cementerio de las botellas

No se pueden abrir, o reabrir, heridas que nunca se cerraron.

No se puede pasar página sin haberla leído antes.

Los asesinos, sus cómplices o sus partidarios, son los únicos que no quieren remover la tierra. No quieren que salgan a la luz sus crímenes.

Pero ellos están ahí, esperando justicia y dignidad.


Por la libertad - Barricada from Barricada on Vimeo.

En la ladera del monte Ezkaba (Navarra), a la sombra del penal franquista de San Cristobal, los presos asesinados o que morían por enfermedades derivadas de su cautiverio eran enterrados con una botella entre las piernas.

Dentro, un simple papel recogía su nombre y las causas de su condena y muerte.

A ese pedazo de tierra se le conoce como "El cementerio de las botellas".

domingo, 20 de diciembre de 2009

Decidme cómo es un árbol






El poeta Marcos Ana, el preso antifascista que pasó 23 años en las cárceles franquistas, recibió el pasado viernes el homenaje del pueblo de San Fernando de Henares.

El acto se celebró en el Centro Cultural Gabriel Celaya, con la presencia del Alcalde de San Fernando de Henares, Julio Setién y el Concejal de Cultura, Javier Corpa, ambos glosaron la figura de este viejo militante comunista y le hicieron entrega de varios regalos, entre ellos un ejemplar del libro de la historia de San Fernando de Henares, “El sueño de un rey”.

Se leyeron varios poemas de Marcos Ana por parte de dos poetas, vecinos de la localidad, y se amenizó el acto con actuaciones de los alumnos de la Escuela Municipal de Música y Danza.

A continuación se procedió al descubrimiento de una placa con el nombre del poeta en el auditorio del cercano Centro Municipal de Asociaciones “en agradecimiento a Marcos Ana por su compromiso con la libertad, la tolerancia y la igualdad”.

Es increíble la vitalidad y la lucidez que tiene este hombre a sus 90 años, bueno, 90 menos 23, como él suele decir.

Nos presentó su libro “Decidme cómo es un árbol”, de la editorial Umbriel-Tabla Rasa. Según el poeta “He tratado de sorprender la dura realidad de mi vida por el costado más humano y cercano al corazón de la gente, pensando especialmente en la juventud”.

En palabras de José Saramago, que escribe el prologo del libro, “es una lección de humanidad. Un soplo de aire fresco que llega para derrotar al cinismo, a la indiferencia o a la cobardía”.

A pesar de haber estado tantos años encarcelado él considera que es un privilegiado. Desde que salió de la cárcel, Marcos Ana no paró de viajar por todo el mundo contando sus experiencias, explicando lo que significa la dignidad de los perseguidos por el único delito de ser un luchador comunista, un defensor de la libertad, la legalidad republicana y la democracia.

A lo largo del acto, Marcos Ana, haciendo gala de una gran humildad, agradeció varias veces los detalles de los representantes municipales, explicando que estaba muy agradecido y que era demasiado, que no había hecho tanto para merecer esas muestras de cariño.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La democracia prudente

El fallecimiento, a los 91 años, del general Sabino Fernández-Campo, ha logrado que la prudencia, ejemplificada en su trato agradable, sea una vez más presentada como la virtud principal de la democracia. Prudencia entendida como amabilidad, pero también como información limitada, como desmovilización de la queja, prudencia para cambiar lo mínimo con el fin de que las cosas no muden en exceso.

A nadie beneficia el descrédito de los políticos, se repite. La tarea del juez Garzón procesando a políticos ladrones no sería sino uno más de sus atentados contra la prudencia. Como si detrás de los políticos actuales sólo cupiera el precipicio. Gürtel y Santa Coloma serían señales de una sociedad enferma, no de una clase política herida de posfranquismo. Deben tratarse, pues, con suma prudencia. La prudencia sólo sopla en una dirección. Una autoamnistía permanente brindada a sí mismos por aquellos que tienen prudentes puntos de vista sobre la inconveniencia de dar excesiva participación a pueblos interesados en otros menesteres.

Sabino Fernández-Campos era, nos recuerdan, pura prudencia. Cuando murió la secretaria de Dolores Ibárruri, Irene Falcón –combatiente por la República, perseguida, presa, torturada, exiliada– los medios callaron. Esa misma semana moría la madre del rey Juan Carlos. Toda la prensa alabó su esencial papel durante la Transición (habría logrado que el rey hablara con su padre, al que no le hacía mucha gracia perder su empleo en favor del hijo). Formas de construir la historia. Los que lucharon por la democracia se han estado marchando uno a uno en estricto silencio. Para despedirse a paso de vencedores, aún hoy, es necesario haber pertenecido al otro bando.

Una valoración se ha repetido del general que un día se levantó contra el Gobierno republicano: “Discreción, lealtad y prudencia”. Fue un militar que durante toda su vida –incluso en democracia– defendió la conveniencia del golpe que sumió a España en una guerra civil y desembocó en una dictadura militar durante cuatro décadas (a la que sirvió puntualmente en el Ministerio del Ejército). Sus grandes hitos democráticos consistieron en frenar información sobre la disonancia cognitiva entre la práctica y la teoría católica, apostólica, romana y matrimonial de la Casa del Rey; en tapar indiscreciones sexuales, sentimentales o económicas de ese entorno; en gestionar las lucrativas amistades del rey –Alberto Cortina, Alberto Alcocer, Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal, Mario Conde– y en construir las necesarias y prudentes distancias cuando esas mismas amistades se convertían en peligrosas.

Le debemos, dicen, la frase que detuvo el golpe del 23-F. Alfonso Armada, ex preceptor del rey y secretario general de la Casa del Rey, ni estaba ni se le esperaba la noche del 23-F en la Zarzuela. ¿Es que tenía sentido lo contrario? ¿Por qué quería reunirse con el rey? Y en definitiva ¿tiene tanto poder una frase? Ante las dudas, ¿no sería más saludable para la democracia española que Fernández-Campos hubiera contado todo lo que sabía? Prudencia.
Las democracias se construyen sobre palabras, no sobre silencios. Por eso la memoria es un oficio de palabras y, como el lenguaje, es colectiva. Los olvidos se alzan sobre el silencio de los cementerios y sobre la violencia de la exclusión. La democracia, incluso, es un grito. De ahí el Discurso fúnebre de Pericles, el de Bolívar en Angostura, Lincoln en Gettysburg, Azaña y su Piedad y perdón, Gandhi y su no violencia, la resonante voz anticolonialista de Guevara en la ONU o de Mandela ante sus jueces-carceleros. Quien hurta información a los pueblos quizá sea prudente, pero está por demostrar que sea demócrata.

La democracia española, desde la Transición, viene guardando silencio y obligando a impostar la voz para lograr un espacio público. Han hecho falta 30 años para entender que el medio de comunicación por excelencia de la Transición era, sobre todo, un negocio. Hemos guardado silencio respecto de los 150.000 patriotas asesinados por Franco y que están enterrados en campos y cunetas; guardado silencio sobre el éxito del 23-F, que disciplinó a la España indómita, sentó las bases para la mayor gloria de la monarquía y aseguró el buen comportamiento del PSOE; silencio sobre la falta de soberanía de nuestro país y silencio sobre los escasos mimbres democráticos del conjunto de los partidos heredados de 40 años de dictadura. La monarquía nacional católica española ha construido su hegemonía con silencios. Infante significa “el que no fona”. Los infantes siempre necesitan a un adulto. Quien no tiene voz, necesita tutela. Pueblos sin voz condenados al silencio y permanentemente vigilados. Un sentido común sostenido con silencios. Prudencia democrática.

Una carta enviada por un jubilado a un diario resumía toda esta sátira. Mientras daba su paseo diario escuchando la radio, oía al rector de la Universidad Nacional Autónoma de México dar las gracias por el Premio Príncipe de Asturias recibido. En su agradecimiento citó al exilio republicano, sin el cual la UNAM nunca hubiera tenido el mismo desarrollo: “Aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años”. En ese momento, cuando el abuelo caminante esperaba el atronador aplauso de la gente que ocupaba todas las localidades del salón Covadonga del Hotel Reconquista de Oviedo, sólo sintió en sus oídos el estruendo de un estremecedor silencio. Nadie en aquella sala consideró conveniente regalar un simple aplauso a ese roto y reconstruido exilio antifranquista, republicano y demócrata.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Censura real


Nota del coronel Amadeo Martínez Inglés

Como ya intentara hacer con varios de mis libros anteriores en los que fui volcando mis primeras investigaciones sobre el verdadero papel que jugó la corona en la planificación, organización y ejecución de la llamada maniobra involucionista del 23-F, la Casa Real española ha vuelto a movilizarse con todas sus fuerzas para evitar (como ya hiciera con éxito no hace mucho tiempo con unas memorias del antiguo valido real Prado y Colón de Carvajal, de las que fueron destruidos varios miles de ejemplares ya editados) que mi último libro titulado “La Conjura de mayo. La rebelión de los generales franquistas”, salga a las librerías.

Y ello ha sido así, sin duda, porque en este mi nuevo trabajo de investigación histórica en el seno de las Fuerzas Armadas, saco por primera vez a la luz sorprendentes e inéditas revelaciones sobre el golpe militar que preparaba la extrema derecha castrense para el 2 de mayo de 1981 y que fue la causa real y única de que el entorno del monarca (los generales Armada y Milans del Bosch), al conocerlo, pusieran en marcha con toda urgencia una maniobra político-militar-institucional de altos vuelos que lo desactivara: la denominada por políticos y periodistas “Solución Armada” y que luego conoceríamos popularmente todos los españoles como “23-F”.

De momento, La Zarzuela, tras sacar su veto real a relucir, ya ha conseguido que la editorial Espasa Calpe, del grupo Planeta (empresa que es de dominio público mantiene estrechos vínculos con la Familia Real) rompa su compromiso para la publicación del libro en cuestión; compromiso que había asumido de palabra con mi agente literario y que se remontaba a principios del pasado verano cuando le solicitó (a través de la responsable del departamento de Ensayos) ser la primera editorial que recibiera el original y, además, con carácter exclusivo.

El original le fue enviado el día 21 de septiembre del presente año y, a primeros de octubre, el citado departamento de Ensayos de Espasa Calpe nos comunicó su excepcional interés por el mismo (llegaron a calificarlo de bomba editorial) volviendo a solicitar a mi agente que ninguna otra empresa del sector entrara en posesión del documento.

Sorprendentemente, el 21 de octubre pasado la empresa editorial pidió a mi agente literario una semana más para poder formalizar el contrato de edición y al término de ese plazo, el miércoles 28 de octubre, anuló áspera y unilateralmente el compromiso verbal en vigor, alegando la existencia de un supuesto informe de un historiador civil, domiciliado en la ciudad de Zaragoza, que habría desaconsejado la publicación del libro.

A este historiador, que siempre ha estado al tanto de las presiones de todo tipo con las que La Zarzuela ha intentado someter a los diferentes editores que manifestaron su interés en publicar mis libros (especialmente el más reciente de ellos “Juan Carlos I el último Borbón”) consiguiendo que muchos de ellos renunciaran definitivamente a hacerlo, no le cabe la menor duda de que tras la fantasmal figura del historiador zaragozano, sacada a colación por la editorial Espasa Calpe para justificar su aprofesional renuncio, se esconde la larga mano de la Casa Real española que, una vez más, trata de actuar parapetada tras su inviolabilidad, su irresponsabilidad, su blindaje mediático e institucional y su impunidad para menoscabar y cercenar de un solo tajo la libertad de expresión de un profesional que se limita a ejercer su trabajo con honestidad y sentido de la historia.

Por todo ello, harto ya de las trampas y zancadillas de su titular (un dios constitucional en toda regla) al que, por estar por encima de las leyes en el marco de esta democracia “sui géneris”, corrupta e imperfecta que “disfrutamos” los españoles, no se le pueden pedir responsabilidades de ningún tipo, no me queda otra opción que denunciar este hecho flagrante contra mi libertad de expresión y mis derechos como ciudadano a los medios de comunicación y a las fuerzas políticas de este país.

Fdo: Amadeo Martínez Inglés

Coronel. Escritor. Historiador.

jueves, 22 de enero de 2009

Enrique Ruano, franquismo y postfranquismo

http://www.kaosenlared.net/

Salvador López Arnal. Para Kaos en la Red 20-1-2009


Tomo los datos básicos de artículos de prensa y de los ecos que mi memoria ha acuñado de aquel asesinato.

Enrique Ruano estudiaba quinto de Derecho en la Universidad de Madrid y era militante de los FELIPE, del Frente de Liberación Popular, una organización de izquierda comunista en la que también militó, por ejemplo, Manuel Vázquez Montalbán. El 17 de enero de 1969 fue detenido en un bar, junto a su compañera y dos personas más, por sicarios de la policía franquista. Fue acusado de actividades subversivas contra el Régimen del general golpista Francisco Franco. Después de tres días interminables de tortura y malos tratos en comisaría, fue conducido por tres policías a un piso del centro de Madrid para realizar un registro. Ruano subió esposado hasta el séptimo piso del número 60 de la calle del General Mola (actualmente, Príncipe de Vergara). No salió vivo.

Los policías que le acompañaron declararon que Ruano emprendió una carrera alocada hacia la salida de la casa y que, sin llegar a la escalera, se arrojó a un patio interior. Así se afirma en el escueto informe policial que da cuenta de los hechos. Era, recuerdo, enero de 1969, treinta años después de finalizada la guerra civil, cinco años después de aquellos abyectos “25 años de paz” promovidos por el ministro de Información del fascismo español, seis años después del asesinato de Julián Grimau.

La primera autopsia que se practicó, al poco de su muerte, localizó una herida “contusa redondeada” de siete milímetros de diámetro con fractura en la clavícula. A la familia no se le permitió tener en la autopsia a un médico de su confianza. Los forenses del régimen franquista, médicos, funcionarios, que habían realizado el juramento hipocrático, atribuyeron la herida a un clavo contra el que habría impactado Ruano en su caída al patio interior. No era ninguna broma macabra. Era conjetura, tesis, informe oficial.

La familia de Enrique Ruano consiguió que se reabriera el sumario veinte después. Dos años después de la reapertura del proceso, se exhumó de nuevo el cadáver: ¡tenía serrado ese trozo de hueso! No ha aparecido hasta la fecha. El impudor no tiene límites. Eso sí, el informe, el segundo informe forense, desestima la teoría del clavo y señala que pudo ser perfectamente una bala que penetró en el cuerpo del joven estudiante de Derecho. Se quedó en eso.

Los tres policías que acompañaron a Ruano al registro de la calle general Mola fueron ascendidos a comisarios. Llevados a juicio en 1996, veintisiete años después, fueron absueltos con el voto en contra de una juez que estimó que los hechos eran constitutivos de asesinato.

¿Cómo se enteraron los familiares de Enrique Ruano de lo sucedido? Un policía llamó a la casa familiar. Habló con el padre de Enrique y se lo comunicó. “Su hijo se ha suicidado. Lo siento. Buenos días”. Acaso fueran menos amables.

¿Qué se sabe de los tres policías que llevaron a Ruano al piso del general Mola? Dos de ellos, ya comisarios, se jubilaron en 1996. Tendrán ahora unos 75 años aproximadamente y cobran puntualmente su pensión de comisarios de policía. En su expediente funcionarial no figura ninguna crítica, ninguna sanción por lo sucedido. Es un expediente inmaculado. Hicieron lo que debieron hacer. Nadie les ha hecho ver nunca que no se limitaron a cumplir órdenes sino que fueron, que siguen siendo, corresponsables de un asesinato. Nunca nadie se lo dirá probablemente.

¿No fue un asesinato de Estado la muerte de Ruano? ¿No fue un acto terrorista? ¿Ha perdido disculpas alguna vez el Estado por esa muerte? ¿Consta en algún lugar, oficialmente, que Enrique Ruano fue asesinado por la policía del franquismo?

Enrique Ruano tenía 21 años cuando fue asesinado. Ninguna calle en Madrid, si no ando errado, ojalá me equivoque, lleva su nombre. El ministro de Información y Turismo, director de orquesta de la información dada por el Régimen sobre el asesinato y probable impulsor del estado de excepción decretado tres días después tras la contundente respuesta universitaria y ciudadana por el asesinato, se llamaba Manuel Fraga Iribarne y es presidente, sigue siendo presidente fundador, de un partido que se presenta ante la ciudadanía como firme defensor de la Constitución de 1978 y de las libertades democráticas.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Para pasar página, primero hay que leerla

Ante los acontecimientos de los últimos días, en los que ha quedado patente la falta de voluntad de las autoridades de cumplir con la obligación del Estado de investigar posibles crímenes contra la humanidad durante la Guerra Civil y el franquismo, tal y como establece la normativa internacional, Amnistía Internacional les insta a proteger los derechos de las víctimas sin más dilación.
Amnistía Internacional ha remitido al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el Manifiesto “Para pasar página, primero hay que leerla”, al que se han adherido en los últimos cinco días más de 40 juristas de prestigio internacional y abogados y académicos españoles, que pide al Estado español garantizar una investigación judicial efectiva e imparcial sobre las desapariciones forzadas cometidas durante la Guerra Civil y el Franquismo.
Manifiesto de Amnistía Internacional

Para pasar página, primero hay que leerla

Los firmantes del presente manifiesto nos dirigimos a las autoridades y sociedad españolas, así como a la opinión pública internacional con ocasión de la investigación abierta por la Audiencia Nacional en relación a hechos delictivos ocurridos durante la Guerra Civil y el Franquismo que podrían constituir crímenes contra la humanidad.

Mantenemos que:

- España tiene el deber de poner fin a la prolongada injusticia de la que han sido objeto las víctimas de desaparición forzada y otros crímenes y sus familiares, llevando a cabo las investigaciones necesarias para dar con el paradero de los restos de estas personas, y esclarecer las circunstancias en que tan graves abusos se produjeron.
- Al llevar adelante esta tarea, España debe cumplir con las normas internacionales sobre la materia que su propio ordenamiento jurídico reconoce, y tal y como su práctica jurisprudencial refleja – de manera reiterada - al pronunciarse sobre las consecuencias legales de los crímenes contra la humanidad.
- De acuerdo con el Derecho Internacional, los crímenes contra la humanidad no son susceptibles de amnistía, indulto o prescripción. Las normas convencionales sobre la materia, adoptadas con posterioridad a los hechos que deben ser objeto de investigación, es sabido, han simplemente recogido una obligación que ya existía anteriormente como norma consuetudinaria.
- El Estado español no puede sustraerse a la obligación de investigar estos crímenes, y debe poner fin a la impunidad garantizando a las víctimas y a sus familiares su derecho a la verdad, la justicia y la reparación integral.
- No es posible que los Tribunales españoles – en base a sus obligaciones bajo el derecho internacional - hayan asumido su competencia para investigar y perseguir los crímenes más graves de derecho internacional cometidos en países como Chile y Argentina, en cuyas causas han sostenido que las leyes de amnistía así como cualquier otra medida análoga carecen de validez en España, y se abstengan de investigar crímenes similares cometidos en su propio país.
- En la Ley 52/2007, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, no quedaban plasmados los estándares internacionales fijados en materia de desapariciones, exhumaciones y recuperación de cuerpos. No existe antecedente alguno en que un Estado haya trasladado a las familias de las víctimas las tareas, costos y responsabilidades de dichas acciones. Además, la propia ley en su Disposición Adicional Segunda, afirma claramente que: “Las previsiones contenidas en la presente ley son compatibles con el ejercicio de las acciones y el acceso a los procedimientos judiciales ordinarios y extraordinarios establecidos en las leyes o en los tratados y convenios internacionales suscritos por España”.
España está en estos momentos en el punto de mira de la comunidad internacional que espera que por fin cumpla con las obligación de investigar los hechos de su historia reciente que podrían ser constitutivos de crímenes contra la humanidad y garantizar, con todos los medios a su alcance, de la manera más completa posible y sin dilación, los derechos de las víctimas a verdad, justicia y reparación.