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miércoles, 29 de agosto de 2012

Interinidades

Blanca Calvo, en la biblioteca de Dávalos.


Por Blanca Calvo*

Todos los humanos somos interinos porque todos estamos sometidos a la muerte. Algunos humanos, además, tienen una segunda interinidad porque viven situaciones con caducidad específica. Unos lo hacen por gusto     –los políticos son un buen ejemplo: se presentan voluntariamente a las elecciones a pesar de que saben que su mandato está limitado–, pero a otros les empuja la necesidad de ganarse la vida, y ese es el caso de los funcionarios interinos, que saben que tendrán que marchar cuando un funcionario fijo cubra su plaza y que ahora, sin que se haya dado esa circunstancia, en Castilla-La Mancha acaban de ser despedidos en un 80% aunque se diga lo contrario.

En las últimas décadas, la Administración Pública española ha impuesto abusivamente el adjetivo “interino” a muchos de sus trabajadores, manteniendo a miles de personas en la provisionalidad durante años e incluso décadas. ¿Por qué lo ha hecho, cuando la propia Administración, al crear la figura de funcionario interino, dispuso que esa situación sólo podría durar dos años como máximo? ¿Por dejadez y pereza, para no tener que organizar las oposiciones que aseguraran definitivamente las plantillas de los centros públicos?

Quizá en parte haya sido por eso, pero sospecho que la verdadera razón es que la precariedad debilita y hace a la gente más manejable. O, lo que es lo mismo, a los interinos se les puede dominar, y la prueba es el despido masivo que están sufriendo en estos días en nuestra región. Quizá, por eso, han abusado de la figura de interino equipos de gobierno de todos los niveles gubernamentales y de todas, o casi todas, las ideologías.

En la Biblioteca Pública, el domingo pasado había ocho funcionarios interinos; hoy hay sólo dos. Con lágrimas en los ojos, los trabajadores fijos hemos tenido que decir adiós esta semana a seis personas –siete si contamos a la técnica de actividades que, por otra vía, ha sido cesada al mismo tiempo- con las que convivíamos desde hace muchos años (tantos como 21 en el caso de la interina más antigua). Se nos ha roto el corazón al verlos marchar sin poder hacer nada para evitarlo (supongo que hay muchos otros centros en nuestra región con el mismo estado de ánimo por esa misma razón, pero yo hablo del que mejor conozco).

Pero no sólo hemos perdido algo muy valioso nosotros. Tú, que estás leyendo este artículo, también. Porque gracias a Ana Alonso, Raúl Alcázar, Concha Carlavilla, Pilar Díaz Villalbilla, Elena Ferrer, Carmen Pérez Haro y Paloma Utrilla, los siete compañeros cesados, la Biblioteca ha sido hasta ahora lo que ha sido: un centro público abierto y cordial que ha atendido a cada persona como si fuera la única. Tú, lector, seguro que has visto muchos días a esos siete magníficos, les has preguntado algo, les has pedido ayuda. Pues debes saber que, a partir de ahora, no los vas a tener y que, al perderlos, has perdido unos servidores fabulosos: amables, trabajadores, competentes… Los has perdido tú porque, cuando estaban en horario de trabajo, estaban a tu servicio. Porque todo lo público es tuyo. Porque la Biblioteca es tuya.

El domingo pasado, la plantilla de TU Biblioteca, lector, era de 44 personas; hoy es de 31 tirando a 30, lo cual significa que ha perdido la tercera parte de su capital humano. Y ello se debe a que, en esta semana, el Diario Oficial ha publicado una nueva Relación de Puestos de Trabajo en la que TU Biblioteca pierde todas las plazas vacantes, tanto las que estaban cubiertas por los interinos arriba citados como las que estaban libres. El único criterio que se ha usado para “racionalizar” la plantilla es ese: que la plaza anulada no estuviera cubierta por un funcionario fijo, y ello ha dado como resultado que, ahora, TU Biblioteca sea un centro desequilibrado con más “jefes” que “subordinados”, y uso las comillas porque los trabajadores de TU Biblioteca procuramos ignorar las categorías laborales y todos hacemos lo que es necesario hacer en cada momento. Gracias a eso, a estar dispuestos a hacer lo que es necesario hacer en cada momento, los trabajadores fijos nos guardaremos nuestra pena dentro y, en los próximos días, procuraremos reorganizar los restos del naufragio para poder darte, a ti y a todos los demás dueños de la Biblioteca, el mejor servicio posible. Como siempre hemos intentado.

No va a ser fácil. La plantilla de la Biblioteca ha tenido 44 personas desde que, en 2004, se trasladó al Palacio de Dávalos, porque se calculaba que esa era la cantidad necesaria para un espacio tan grande, para una ciudad como la nuestra, para una biblioteca que, por fin, empezaba a parecerse a la que nos merecíamos. Los años han demostrado que ese cálculo estaba bien hecho: en este tiempo, cada una de esas 44 personas ha sido necesaria y ha tenido su función específica, tanto si era interina como si era fija, porque interino no es sinónimo de innecesario.

Tú, lector, sabrás disculparnos a partir de ahora cuando no podamos conseguir los mismos resultados que antes, cuando trabajaban en TU biblioteca Ana, Raúl, Concha, Pilar, Elena, Carmen y Paloma. Ya entonces hacíamos un esfuerzo para que no se notaran las vacantes no cubiertas, lo cual, con ellos a nuestro lado, no resultaba demasiado difícil. Sin ellos habrá que cerrar en algunas ocasiones -como ha sido necesario cerrar por las tardes en las dos semanas pasadas-, y algunos procesos que antes se hacían con inmediatez, podrían ralentizarse.

…A no ser que las autoridades reflexionen y echen atrás una decisión, la del despido de los interinos, que parece poco madurada. Esos procesos de marcha atrás no suelen darse en la política, pero quizá si tú, lector, lo pides… Recuerda que la Biblioteca es tuya. Y ahora te necesita.

(*) Blanca Calvo es directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara desde 1981. Impulsora desde hace más de dos décadas de uno de los eventos más importantes de la ciudad, el Maratón de Cuentos, también ha desempeñado cargos públicos, entre los más destacados los que la pusieron al frente de la Alcaldía de Guadalajara en 1991-1992 y de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha entre 2005 y 2007.


Más información:
http://elhexagono.wordpress.com/2012/08/26/interinidades/


martes, 30 de noviembre de 2010

Cavernícolas

Blanca Calvo, Bibliotecaria.

No sé usted, pero yo, que soy de la generación de los padres del Cuéntame, he reflexionado muchas veces en los pasados años al ver la alegría con la que todos gastábamos el dinero. De repente nuestro país se había hecho rico, ¡qué estupendo! Era como cuando a una familia le suben mucho los ingresos y puede empezar a gastar en restaurantes sin mirar precios, con lo que antes costaba salir a comer fuera.

Ahora, como en las familias cuando se pasan de gasto, hay que apretarse el cinturón. Y no sé a qué mentes privilegiadas se les ha ocurrido que, para ello, lo mejor es empezar a desprestigiar al funcionariado. Ese es el primer paso para desmantelar la “cosa pública”, para reducir drásticamente servicios cuya conquista ha costado sangre, sudor y lágrimas a muchas generaciones, para dejar servicios fundamentales en manos de empresarios que, como primer objetivo, buscan su bien particular y no el público.

Como funcionaria desde hace muchos años pienso que quizá haya que reflexionar para ver si se puede ahorrar en “lo público”, pero me parece difícil. En general, la Administración ofrece aquello que no le interesa al sector privado porque no da ganancias. Si no fuera por las bibliotecas públicas, por poner un ejemplo para mí cercano, prácticamente no llegarían los libros a ninguna de las poblaciones de nuestra provincia, quitando las tres o cuatro mayores. Cualquier librero diría que no resulta rentable poner una librería en Alustante, pueblo en el que funciona estupendamente una biblioteca.

En cuanto a lo de privatizar servicios públicos, las empresas privadas sólo están dispuestas a acoger los más fáciles, los que les pueden dar ganancias. Y hasta Perogrullo sabe que privatizar un servicio público lo encarece, se mire como se mire. La privatización añade un nuevo concepto de gasto: el beneficio empresarial, que se suele cifrar en un quince por ciento pero suele ser bastante más. Si una administración “externaliza” (qué horrorosa palabra) un servicio que costaba X, el servicio costará X más, en el mejor de los casos, el 15%. A no ser que la empresa ahorre costes pagando sueldos de porquería o reduzca el personal a niveles hiperinsuficientes. Si quieren ver los resultados de esas prácticas vean La cuadrilla, una película de Ken Loach que muestra cómo tras la reducción de un grupo de trabajadores de mantenimiento del ferrocarril, comienzan los accidentes mortales.

Los recortes en los servicios públicos que se están proponiendo en países como el Reino Unido son un gran paso de retorno a las cavernas. ¿Quieren ustedes tener que volver a inventar el fuego? Pues quédense mirando y no reaccionen.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Todos no son iguales

Kalvellido & Patri Jimeno

No todos son iguales, faltaría más. Los de la imagen deben ser minoría, al menos eso espero.

Los políticos honrados, los que de verdad representan al pueblo, que no se sientan aludidos, que se aparten de esta imagen negativa para la democracia, pero que refleja, hoy por hoy, el escándalo que se está dando en multitud de instituciones. Y que denuncien a sus compañeros, si es que conocen los chanchullos en los que están metidos; ya sé que es algo tremendamente ingenuo pero a lo mejor alguien se anima. El pueblo se lo agradecerá.

Los que utilizan la política para enriquecerse deberían saber que les espera la cárcel. Y lo que esperamos los ciudadanos es que las investigaciones sean lo suficientemente rápidas y efectivas como para que los ladrones devuelvan el dinero de los contribuyentes y no se les permita nunca más ir en las listas electorales de ningún partido político.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Policías en la puerta del Ayuntamiento


Antiguamente si veías un par de policías en la puerta del Ayuntamiento lo considerabas normal, estaban vigilando la Casa Consistorial, poniendo orden o, simplemente, informando a los vecinos que se acercaban a realizar alguna gestión.

Ahora ver a la policía en la puerta de un Ayuntamiento no augura nada bueno, lo primero que piensas es que están ahí para que no escapen el alcalde, los concejales o algún funcionario, y que habrá más policías dentro registrando despachos y cajones en busca de pruebas de corrupción urbanística.

El último caso que ha saltado a los medios de comunicación ha sido el de Santa Coloma de Gramenet; el primero… quién sabe, es posible que no existieran las hemerotecas cuando sucedió.

Hay tantos ayuntamientos implicados en estos últimos tiempos que lo de Marbella nos parece que ocurrió hace cien años.

¿Quedará algún ayuntamiento con concejales y alcaldes honrados dentro de 10 años?
¿Quedarán ciudadanos que se atrevan a poner la mano en el fuego por sus representantes políticos?
¿Les quedarán ganas de votar?