martes, 30 de noviembre de 2010

Cavernícolas

Blanca Calvo, Bibliotecaria.

No sé usted, pero yo, que soy de la generación de los padres del Cuéntame, he reflexionado muchas veces en los pasados años al ver la alegría con la que todos gastábamos el dinero. De repente nuestro país se había hecho rico, ¡qué estupendo! Era como cuando a una familia le suben mucho los ingresos y puede empezar a gastar en restaurantes sin mirar precios, con lo que antes costaba salir a comer fuera.

Ahora, como en las familias cuando se pasan de gasto, hay que apretarse el cinturón. Y no sé a qué mentes privilegiadas se les ha ocurrido que, para ello, lo mejor es empezar a desprestigiar al funcionariado. Ese es el primer paso para desmantelar la “cosa pública”, para reducir drásticamente servicios cuya conquista ha costado sangre, sudor y lágrimas a muchas generaciones, para dejar servicios fundamentales en manos de empresarios que, como primer objetivo, buscan su bien particular y no el público.

Como funcionaria desde hace muchos años pienso que quizá haya que reflexionar para ver si se puede ahorrar en “lo público”, pero me parece difícil. En general, la Administración ofrece aquello que no le interesa al sector privado porque no da ganancias. Si no fuera por las bibliotecas públicas, por poner un ejemplo para mí cercano, prácticamente no llegarían los libros a ninguna de las poblaciones de nuestra provincia, quitando las tres o cuatro mayores. Cualquier librero diría que no resulta rentable poner una librería en Alustante, pueblo en el que funciona estupendamente una biblioteca.

En cuanto a lo de privatizar servicios públicos, las empresas privadas sólo están dispuestas a acoger los más fáciles, los que les pueden dar ganancias. Y hasta Perogrullo sabe que privatizar un servicio público lo encarece, se mire como se mire. La privatización añade un nuevo concepto de gasto: el beneficio empresarial, que se suele cifrar en un quince por ciento pero suele ser bastante más. Si una administración “externaliza” (qué horrorosa palabra) un servicio que costaba X, el servicio costará X más, en el mejor de los casos, el 15%. A no ser que la empresa ahorre costes pagando sueldos de porquería o reduzca el personal a niveles hiperinsuficientes. Si quieren ver los resultados de esas prácticas vean La cuadrilla, una película de Ken Loach que muestra cómo tras la reducción de un grupo de trabajadores de mantenimiento del ferrocarril, comienzan los accidentes mortales.

Los recortes en los servicios públicos que se están proponiendo en países como el Reino Unido son un gran paso de retorno a las cavernas. ¿Quieren ustedes tener que volver a inventar el fuego? Pues quédense mirando y no reaccionen.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sahara libre


Para los miembros del gobierno español y los dirigentes del PSOE, Marruecos es una gran prioridad, es un aliado. Algo que no debe ponerse en duda. Innegociable.

Un poco triste, lamentable, que se anteponga el negocio a la justicia, a la libertad y a los derechos humanos.

Todos, desde los políticos de la dictadura de Franco, su heredero, Juan Carlos de Borbón, la UCD, el Partido Popular y el PSOE, todos los que han estado en el poder, han traicionado al pueblo saharaui. Cuando están en la oposición acuden a las manifestaciones de apoyo para reivindicar los derechos de este pueblo. Cuando alcanzan el poder se olvidan y se limitan a ponerse del lado del régimen marroquí.

El régimen sanguinario de la monarquía de Marruecos tiene un gran aliado, un cómplice, en el régimen monárquico de España.

Ellos, que continuamente exigen condenas a los atentados terroristas, se niegan a condenar masacres como ésta porque los asesinos son amigos.

Yo pediría al gobierno y a la familia Real española que se lavaran muy a menudo estos días las manos. Venden armas a los asesinos de saharauis inocentes y desarmados y no condenan estos asesinatos. La sangre inocente les salpica…














Decirles

Decirles que la tierra no es de ellos,
que la gente no es de ellos,
que las piedras necesitan ser libres.

Decirles que el desierto sólo conoce
a los nómadas, dueños del sol y el viento.

Que El Aaiún duerme
para quedarse sin sentido,
que quien niega
será negado por la ternura
de esas voces melancólicas y sedientas.

Decirles que no hay más espera
que la espera del reencuentro
renacido del polvo de la libertad.

Ali Salem Iselmu, poeta saharaui











miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una vida defendiendo los derechos de los trabajadores



Marcelino, inmortal

Dicen que te has muerto, Marcelino. Dicen que te has muerto y lloran las calles, las avenidas, las plazas, las fábricas, las tapias, los diarios, los papeles, las casas, los coches, los vagones, las esquinas, los rincones, los parques, las sedes, las radios, las minas, las banderas, los libros, los campos, las hoces, los tornos, los martillos.


Y lloran las madres, los hijos, los abuelos, los padres, los tíos, los nietos, los ojos, las manos, las sienes, las bocas, los brazos, los puños. Lloran hasta las lágrimas, Marcelino.


Y se mueren de pena los árboles, las flores, la hierba, los pájaros. Se muere de pena hasta la muerte, Marcelino.


Dicen que te has muerto, Marcelino, pero no es cierto.


Quien te conoce sabe que volverás a tapar las calles, las avenidas, las plazas. Que renacerás en las manos del obrero y en el libro del estudiante. Que agitarás las fábricas, que inundarás las tapias, los diarios, los papeles, las radios.


No te has muerto Marcelino. Cuando se sequen las lágrimas y cuando se calmen las penas, lo sabrán las madres, los hijos, los nietos, las sienes, las bocas... y entonces habitarás las casas, entonarás los himnos, atronarás las sedes y nos apretarás, como siempre, los puños.


Más información:



La Republica.es: Marcelino, inmortal

Público.es: Abrazos, lágrimas y palabras para Marcelino Camacho


Público.es: Puños en alto y flores rojas para un "hombre bueno"

Público.es: Se apaga la voz de los trabajadores

El Pais.com: Una vida en defensa de los trabajadores

El Pais.com: Marcelino Camacho, una vida en imágenes

Insurgente.org: Ha muerto Marcelino Camacho

Rebelión.org: La humanidad de Marcelino Camacho


Kaos en la red.net: Muere el líder histórico antifranquista Marcelino Camacho

El Plural.com: Muere Marcelino Camacho


sábado, 23 de octubre de 2010

Un día en la biblioteca

Mi madre me ha metido en una sala de la biblioteca donde hay otros niños muy pequeños, como yo. Hay muchos muñecos de trapo por el suelo y estanterías bajitas con libros sin letras. Me revuelco por el suelo con los demás niños, entre los muñecos y los libros. A veces nos los tiramos unos a otros. Es muy divertido. Y podemos gritar y jugar lo que queramos.

Ahora vamos a la sala infantil, mi mamá me enseña unos libros que me gustan, con unas letras que reconozco porque me las han enseñado en el colegio. Le digo los que más me gustan y me pongo a leerlos junto a mi madre y unas amigas que también han traído a sus hijos.

Cansado de leerlos, me dirijo a la mesa de la bibliotecaria que me indica dónde están los libros que leen todos los chicos de mi edad, el best seller de moda, son varios volúmenes, pero no me importa, todo el mundo dice que están muy bien. Mis padres prefieren que lea los que me mandan en el instituto pero les convenzo para llevarme a casa uno de ellos de vez en cuando.

Me gusta venir aquí, a veces quedamos varios compañeros de clase para hacer los deberes y trabajos que nos mandan en el Insti. Muchos días nos regaña la bibliotecaria porque, sin darnos cuenta, elevamos mucho la voz o empezamos a jugar entre nosotros o con los de las mesas de al lado y, claro, se harta de nosotros y a veces nos echa de la biblioteca.

Voy a la sala de préstamos de adultos porque he quedado con unos amigos para coger algunas películas para el fin de semana y un libro que me han pedido en la universidad. También cogeré alguna peli para mis padres. Aprovecho para ver qué novedades han puesto últimamente y ver si han traído el libro que les pedí. Reservo un libro que he visto en las novedades y echo un vistazo a los últimos discos que han sacado a las estanterías.

Subo a la sala de estudio porque estos días hay que hincar los codos, no queda mucho para los exámenes y hay que estar preparado, la universidad es mucho más dura que el instituto y no me gustaría suspender. Además, este año empecé a trabajar y las dos cosas se me están haciendo muy cuesta arriba.

Apenas me queda tiempo para nada; menos mal que tengo una novia comprensiva y entiende que tengo que terminar la carrera. El fin de semana que viene nos iremos por ahí, lejos de la ciudad, para desconectar.

Saludo a unos amigos que están preparando unas oposiciones y paso un momento a la sala de ordenadores, tengo que mirar unas cosas en Internet.

Al final he estado en el ordenador más tiempo del previsto, siempre me pasa lo mismo… empiezo con el correo electrónico, después el Facebook, el blog… total, que me dan las tantas y no me entero.

Paso a la hemeroteca donde consulto todos los días el periódico y algunas revistas; hay muchas, de todos los temas.

Todos los periódicos cuentan las mismas mentiras, con distinto enfoque, pero igual. Es difícil encontrar la verdad en un periódico. A veces, si buscas en los medios alternativos digitales, en Internet, puedes leer algo más objetivo.

En eso estamos de acuerdo los compañeros del hogar del pensionista. Como ahora tenemos todo el tiempo del mundo nos dedicamos a leer los periódicos y comentar las noticias. Es entretenido, aunque a veces salimos discutiendo por tonterías. Ya los viejos no tenemos tanta paciencia como los jóvenes. Y si es de política ya no te cuento, mejor no hablar. Lo mismo que de fútbol. Cada uno con su equipo.

Desde que me jubilé me gusta venir por aquí a leer el periódico y a observar a los jóvenes. Ha cambiado mucho todo. ¿O he sido yo…?

¡Cómo pasa el tiempo!, parece que llevo aquí toda la vida… y llegué por la mañana, que vine con… con… bueno, no recuerdo ahora. Es igual.

Buena se va a poner mi mujer, ni he ido a comer, ni la llamé… Estará preocupadísima.

Me voy para casa. Mañana será otro día…