Lo reconozco, no salí a la calle con la cacerola. Ya estaban los invitados en casa y, cuando iba a salir, armado con mi cacerola y mi cuchara, mi familia empezó a darme la bronca (“pero… ¿qué vas a hacer tú solo en la calle, estás loco?”) y me impidió cumplir con mi deber ciudadano de armar un poco de ruido durante el discurso del Borbón.
Al final, corroído por la curiosidad, lo vi. Y me gustó. Así que, lo grabé y aquí os dejo una copia.
Que lo disfrutéis.
Salud (…y República)
