De vuelta a la Puebla de Sanabria, ya en la noche del sábado, empezó una fuerte nevada que hizo que adelantásemos el regreso a Madrid. El coche estaba casi completamente cubierto de nieve. En el suelo había unos cuarenta centímetros de nieve y nos costó trabajo sacarlo. Gracias a que en el hostal nos dejaron una pala y pudimos despejar un poco la salida del aparcamiento. No hizo falta poner las cadenas, las máquinas quitanieves pasaban a menudo por las calles principales del pueblo y pudimos emprender la marcha sin problemas.